Desde hace varios meses se viene denunciando de forma anónima y pública que la gerente de la Empresa de Renovación Urbana de Bogotá (ERU), Lina Amador, acosa laboralmente a sus empleados. La funcionaria llegó en noviembre de 2017 y desde entonces han renunciado por lo menos 18 directivos. Varios de ellos declararon a SEMANA que se fueron de la institución por el “trato hostil y denigrante” de la gerente hacia los contratistas, los directivos y hasta al personal de servicio. Además afirmaron que la gestión de la gerente entorpece las metas de la institución.

Waldo Yecid Ortiz, exgerente de Estructuración de Proyectos e Iván Padilla, exgerente del proyecto Alameda Entreparques —quienes autorizaron ser mencionados con nombre propio— se unieron a los funcionarios que aseguran que bajo la gerencia de Amador gritos, insultos, regaños en público y malos tratos han sido pan de cada día. A eso se suman, según ellos, amenazas de despidos basados en descalificaciones que no consideran razones de fondo de su desempeño.

Estos señalamientos antes no pasaban de rumores de pasillo hasta el día en que la secretaria privada de la gerencia, Flor Vianney Moreno, denunció formalmente a la gerente Amador ante la Personería de Bogotá y el Concejo de Bogotá. Tras su denuncia y mientras se evalúa su caso, el Comité de Convivencia de la ERU pidió que Moreno fuera reubicada en otro cargo sin desmejorar sus condiciones laborales. Así se hizo.

Ante la gravedad del asunto, los concejales Rubén Torrado, María Clara Name, Lucía Bastidas, Rolando González y Yefer Vega, que en su mayoría han sido destacados peñalosistas, hicieron un llamado a las autoridades competentes para que revisaran la situación y también solicitaron a la Personería evaluar una suspensión cautelar de Lina Amador. El sindicato Sindistritales encontró en el revuelo una oportunidad para manifestar sus peticiones y pidió al organismo de control investigar la exigencia de cumplimiento de horarios a los contratistas, lo cual está prohibido por la ley de contratación.

A ese escenario complejo se suma que las cifras de la ERU indican que la ejecución del presupuesto de inversión va en solo el 18 por ciento, cuando la Personería delegada para las Finanzas y Desarrollo Económico expresó que para este año la entidad debería ir en una ejecución del 44,66 por ciento. Frente a esta realidad, Amador y sus gerentes argumentan que les costó mucho trabajo y tiempo ajustar el “despelote” que heredó del gerente anterior, Eduardo Aguirre, a quien nombró Peñalosa recién posesionado. Aseguran que al momento de su llegada no existían fichas técnicas, cronogramas, actas e informes de supervisión de buena parte de los proyectos.

Tuve que empezar prácticamente de cero. Solo por mencionar un ejemplo, en un año solo se habían adquirido legalmente dos predios del Bronx y los ofertados presentaban errores en la notificación, titularidad y cabidas y linderos, lo cual generó un atraso en todo el desarrollo del proyecto”, dice la gerente y agrega que frente a ese proyecto estratégico durante su gestión se le puso el acelerador a esa y otras iniciativas.

El gerente anterior se negó a dar declaraciones sobre esas acusaciones. No obstante, en el informe anual que hace la Contraloría Distrital sobre cada sector,  su gestión entre 2016 y 2017 aparece bien calificada y se reconoce que solucionó algunos problemas heredados de la administración de Gustavo Petro. Y aunque varias fuentes le dijeron a SEMANA que el alcalde nombró a Amador para “ordenar la casa”, en el informe del organismo de control se destacan como logros del gerente anterior la fusión de Metrovivienda con la ERU, el avance del 60 por ciento de la Cinemateca, la reestructuración del Hospital San Juan de Dios, el proyecto de 1.200 viviendas en Bosa y el inicio de los estudios del BronxVoto Nacional, Parque Tercer Milenio y San Bernardo. Hoy la ERU tiene en sus manos proyectos importantes como esos y otros cuya inversión supera los 400.000 millones de pesos.

En cuanto al presunto acoso laboral, Amador aseguró por el estado de desorden en que encontró la ERU tuvo inconvenientes con algunos funcionarios: “Mi gran error fue haber dejado al personal anterior (…) pensé en lo difícil que podría ser conseguir trabajo en diciembre. Lo que recibí a cambio fue un equipo que, en su mayoría, no se comprometió con los objetivos ni con la responsabilidad de sacar los proyectos adelante”. Lo sorprendente de esa explicación es que buena parte del equipo al que ella se refiere viene trabajado casi dos años en la Administración de Enrique Peñalosa, quien es reconocido por su talante de microgerente; mucho más en temas que lo obsesionan como la renovación urbana.

El director comercial de la ERU, Camilo Londoño, respalda a Amador y dice que varios directores que salieron se molestaron porque “venían acostumbrados a salir a las 3 de la tarde y ante la exigencia de la gerente, mostraron resistencia. Le llegaban sin la documentación que requería y con una actitud desafiante”.  Este funcionario y otros directivos enviaron una carta a la Alcaldía apoyando a la gerente, mientras ella manifesta: “Soy una mujer muy exigente, hablo fuerte y me molesto por el incumplimiento, pero eso no debe ser confundido con el irrespeto, el acoso laboral o los malos tratos”.

En ese cruce de versiones, los organismos de control, en cabeza de la Personería, serán quienes determinen que está pasando en la ERU y si el presunto caso de acoso laboral responde a problemas de ineficiencia de funcionarios anteriores, o al temperamento de la directora.  Lo importante es encontrarle soluciones prontas, a un novelón que podría terminar afectando la ejecución de unas políticas imprescindibles para Bogotá y que son y han sido, unas de las más valoradas por el proyecto peñalosista.

Fuente: Revista Semana

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